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30/06/2026

LOS DÓLARES DE LA ECONOMÍA: LA MINERÍA Y EL PETRÓLEO CRECEN FUERTE, PERO EL AGRO TODAVÍA LOS DUPLICA

En Argentina, un aspecto siempre clave para evaluar la marcha de la economía es la oferta de dólares; y en ese punto, sobre la espalda del agro pesa la enorme responsabilidad de ser históricamente el principal y casi único generador de divisas.

Sin embargo, de a poco es una mochila que pesa cada vez menos, debido al crecimiento exponencial que están teniendo la minería y la energía.

“Una novedad favorable es la consolidación de una segunda gran plataforma generadora neta de divisas. Junto con el agro y la industria de alimentos —históricamente los grandes aportantes de dólares de la economía argentina—, el petróleo y la minería comienzan a realizar una contribución de magnitud creciente”, destaca un informe del Instituto de Estudios (IERAL) de la Fundación Mediterránea, elaborado por los investigadores Juan Manuel Garzón y Franco Artusso.

No obstante, por ahora el agro mantiene su posición como principal motor de la economía argentina: genera el doble de las divisas netas aportadas por la minería y el petróleo en conjunto.

EL APORTE DE DÓLARES DEL AGRO

Según Garzón y Artusso, en los 12 meses terminados en abril de 2026, las actividades agropecuarias y la elaboración de productos alimenticios registraron un aporte neto de divisas al mercado de cambios cercano a U$S 36.900 millones.

Por su parte, el agregado de minas y canteras, que incluye petróleo, gas y minería metalífera, aportó alrededor de U$S 18.300 millones.

Así, “los registros del BCRA confirman que el agro continúa siendo el principal proveedor sectorial de divisas, aunque la distancia con energía y minería se redujo con rapidez durante los últimos años”, subrayan los economistas.

Y explican que este acercamiento no responde a una pérdida estructural de capacidad del agro: después del fuerte impacto de la sequía, su aporte neto se recuperó con intensidad. El cambio principal, entonces, fue el crecimiento mucho más acelerado de la contribución energética y minera.

Para confirmarlo, elaboraron un gráfico que confirma que el aporte neto del agro fue al cierre de abril de aproximadamente dos veces el de petróleo y minería, pero que esa ventaja significativa se encuentra entre los niveles más bajos de la serie: durante buena parte del período analizado, el aporte agropecuario y alimentario había sido entre tres y cinco veces superior, y llegó a superar ampliamente esos valores en años de muy bajo aporte extractivo.

“En efecto, lo nuevo es la velocidad del crecimiento energético y minero; en los últimos dos años, el aporte de este sector aumentó desde menos de U$S 6.900 millones hasta más de U$S 18.300 millones. La mejora estuvo vinculada principalmente con la expansión de la producción de petróleo y gas, el desarrollo de Vaca Muerta, el aumento de las exportaciones energéticas y la reducción de las necesidades de importación del sector”, remarcan.

Del mismo modo, la dinámica más reciente de las divisas confirma el acercamiento: en el primer cuatrimestre de 2026, el aporte total neto de dólares aumentó en U$S 1.036 millones para el agro y en U$S 2.023 millones para petróleo y minería.

Esto, una vez más, indica que la reducción de la brecha no se explica por una caída del aporte agropecuario, sino por un crecimiento considerablemente más acelerado de la contribución energética y minera durante el período reciente.

En ese sentido, otro indicador interesante es la proporción de los ingresos que permanece finalmente como oferta neta de divisas después de descontar todos los egresos del sector.

En los 12 meses terminados en abril de 2026, la tasa de aporte neto del agro fue del 77,1%. Esto significa que, por cada U$S 100 de ingresos brutos registrados en sus cuentas corriente, financiera y de capital, el sector dejó un aporte neto de aproximadamente U$S 77.

En cambio, en petróleo y minería, esa tasa alcanzó el 65,4%: por cada U$S 100 ingresados, alrededor de U$S 65 quedaron como aporte neto luego de considerar los pagos de importaciones, servicios, intereses, amortizaciones y demás egresos cambiarios del sector.

De esta manera, las dos tasas son elevadas, pero muestran que el agro no sólo registra mayores ingresos: también convierte una proporción más alta de ellos en oferta neta de divisas.

Pero aquí también una cosa es ver la foto y otra la película: mientras la tasa de aporte neto de energía y minería pasó de niveles cercanos al 20% en los primeros años analizados a más del 65% en la actualidad, la del agro se ha mantenido en niveles considerablemente más altos y estables, generalmente entre el 70% y el 90%.

Es decir, que “el sector extractivo no sólo está recibiendo más dólares: también está reduciendo sus egresos en relación con los ingresos y consolidando progresivamente su posición como proveedor neto de divisas”, completan Garzón y Artusso.

EN CONCLUSIÓN

De esta manera, en los comentarios finales del artículo, los investigadores hacen hincapié en que el análisis del balance cambiario a nivel de sectores líderes ofrece una doble lectura.

Por un lado, los resultados muestran que el agro continúa siendo decisivo para la estabilidad cambiaria: aporta aproximadamente el doble de divisas netas que petróleo y minería, explica cerca de la mitad de los cobros de exportaciones y transforma una proporción mayor de sus ingresos brutos en oferta neta de dólares.

“Las cosechas, los precios internacionales y el clima seguirán teniendo, por tanto, efectos macroeconómicos inmediatos”, rescatan.

Por otro lado, se revela el fuerte crecimiento de la energía y la minería, fenómeno que comienza a reducir la dependencia casi exclusiva del ciclo agropecuario. La expansión de los hidrocarburos ya produjo un aumento significativo de la oferta neta de divisas, mientras que los proyectos de cobre, litio, oro y otros minerales podrían ampliar esa contribución durante los próximos años. Se trata de una excelente noticia para el país.

“Una estructura económica apoyada en varios grandes complejos exportadores resulta menos vulnerable a shocks específicos que otra concentrada en una única fuente de dólares”, interpretan.

El cambio relevante es, entonces, la conformación de dos grandes plataformas generadoras de divisas: una consolidada, basada en la producción agropecuaria y la industria alimentaria, y otra en rápida expansión, vinculada con la energía y la minería.

“La velocidad con que se modifique la relación entre ambas no dependerá solamente de sus recursos naturales, de la tecnología o de las condiciones internacionales. También estará determinada por la política económica”, enfatizan.

ENTRE EL RIGI Y LAS RETENCIONES

En este aspecto, aclaran que las condiciones no son simétricas. Mientras la energía y la minería cuentan con regímenes específicos orientados a atraer inversiones y acelerar nuevos proyectos, buena parte de las exportaciones agropecuarias continúa fuertemente gravada por derechos de exportación.

Este sesgo reduce los precios recibidos por los productores, desalienta la inversión y limita la respuesta de la producción y de las exportaciones.

“La evolución relativa del agro no puede analizarse, por lo tanto, separadamente del tratamiento tributario que enfrenta. Si ese sesgo antiexportador se reduce de manera sostenida, el agro dispone de capacidad para ampliar su producción, incorporar tecnología, aumentar la transformación industrial y acelerar nuevamente su generación de divisas”, destacan.

Y concluyen: “En síntesis, el agro sigue liderando la generación neta de divisas, mientras que el petróleo y la minería acortan rápidamente la distancia. La consolidación de esta segunda plataforma exportadora constituye una mejora estructural para la economía argentina. Hacia adelante, la magnitud del aporte de cada sector dependerá no sólo de sus recursos y de las condiciones internacionales, sino también de que la política económica ofrezca estabilidad, reglas previsibles e incentivos consistentes para invertir, producir y exportar”.


Fuente: Todo Agro

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