NOTICIAS

19/06/2026

CADA HECTÁREA MAL NUTRIDA DE TRIGO PIERDE HASTA 3,5 TONELADAS Y LA COMPACTACIÓN AGRAVA EL PROBLEMA

La pérdida de productividad por una nutrición deficiente de los cultivos y el deterioro físico de los suelos se consolidan como dos de los principales desafíos para la agricultura argentina. Según especialistas del INTA, la combinación de ambos factores explica una parte importante de las brechas de rendimiento que hoy separan el potencial productivo de los resultados reales obtenidos por los productores.

El caso del trigo en el sur de la provincia de Buenos Aires es un ejemplo contundente. Allí, la diferencia entre el rendimiento potencial en secano y el efectivamente cosechado oscila entre el 35% y el 50%, lo que representa pérdidas de entre 2,5 y 3,5 toneladas por hectárea.

Para Hernán Sainz Rozas, especialista del INTA Balcarce, una parte significativa de esas toneladas que quedan en el campo está vinculada a estrategias de fertilización insuficientes o desequilibradas. «Nutrientes como nitrógeno, fósforo, azufre y zinc son fundamentales porque impactan directamente tanto en el rendimiento como en la calidad del grano», señaló.

Los datos presentados por el técnico muestran que una adecuada nutrición puede generar respuestas productivas muy significativas. En el caso del nitrógeno y el fósforo, cada kilo aplicado puede traducirse en incrementos de entre 10 y 30 kilos y entre 10 y 50 kilos de grano, respectivamente. A su vez, la incorporación de azufre y zinc también muestra resultados importantes cuando existen deficiencias en el suelo.

Pero el problema no termina en la fertilización. Los especialistas advierten que, aun aplicando nutrientes, muchos lotes no logran expresar su potencial debido a una degradación física cada vez más frecuente: la compactación del suelo.

«Si el suelo está compactado, las lluvias no infiltran correctamente y los fertilizantes no pueden ser aprovechados por los cultivos», explicó Sainz Rozas. En otras palabras, el productor no solo pierde rendimiento, sino también eficiencia en el uso de los insumos.

Los números reflejan claramente el impacto económico del problema. En suelos con buena estructura física, la eficiencia de uso del nitrógeno alcanza aproximadamente 12 kilos de grano por cada kilo de nutriente aplicado. Sin embargo, en lotes compactados esa relación puede desplomarse hasta apenas 4 kilos de grano por kilo de nitrógeno.

La consecuencia es doble: por un lado, se desaprovecha parte de la inversión realizada en fertilizantes y, por otro, se amplían las brechas productivas. En muchos casos, la compactación se convierte en una barrera tan importante como la falta de nutrientes.

Frente a este escenario, desde el INTA sostienen que la recuperación de la productividad requiere una mirada integral. La reposición adecuada de nutrientes debe complementarse con prácticas destinadas a restaurar la salud física del suelo, como rotaciones más intensas, una mayor incorporación de carbono mediante residuos y cultivos de cobertura, y labores estratégicas orientadas a corregir capas compactadas.

Además, recomiendan realizar análisis de suelo y monitoreos periódicos para ajustar las dosis de fertilización a las necesidades reales de cada ambiente productivo. El uso de sensores e imágenes satelitales también permite seguir la evolución de nutrientes móviles como el nitrógeno y mejorar la toma de decisiones durante la campaña.

Para los especialistas, el desafío no pasa solamente por aplicar más fertilizantes, sino por lograr que cada kilo de nutriente llegue efectivamente al cultivo. En ese objetivo, la recuperación de los suelos aparece como una condición indispensable para cerrar las brechas de rendimiento y capturar las toneladas que hoy se pierden por limitaciones físicas y nutricionales.


Fuente: Todo Agro

PINELLI Y ASOCIADOS S.R.L.
Dirección: Paraguay 727 - Piso 10 Of. 7
2000 Rosario, Santa Fe
Tel/Fax. (0341) 425 1577
Email: contacto@pinellisrl.com.ar